martes, 8 de abril de 2008

A 4818 msnm en una scooter


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Y de verdad que ahí estábamos. Hacía mucho frío, menos de cero nos dijeron, caía un granizo pequeño que no era granizo, pero que tampoco era nieve, estaba entre los dos y las scooter, estoicas, aún funcionaban y andaban sin problemas, bueno, con los problemas típicos de estar a gran altitud. ¿De qué scooter hablamos? De la mejor, la Honda Elite 125 tipo I modelo 2007.

Y aquí estábamos, 132 Km después y a 4818 msnm., en sendas scooter. Quién lo diría, llegamos y aunque mi fe no era a prueba de balas, nunca dudé en llegar a Ticlio. Suena contradictorio, lo sé, decir que no tenía fe de llegar, pero que no dudé en que llegaríamos. Lo que pasa es que pensaba que en algún punto deberíamos de regular el motor para continuar el viaje o que de pronto los motores se apagarían y deberíamos empujar. Precisamente de eso se trataba mi disyuntiva y falta de fe, de que llegaríamos a Ticlio, sea como sea, aunque sea empujando las scooter y a casi cinco mil metros sobre el nivel del mar, la tarea de empujar hacia arriba más de cien kilos sobre ruedas se haría más que pesada, casi imposible. Aún así lo haría.

EL ABRAZO SUDAMERICANO
Pero vayamos al principio de lo que nos lleva a emprender esta hazaña. Todo parte del “Abrazo Sudamericano”. Campaña empecinada por un Albatros bogotano que tras comprarse la primera moto de su vida y emocionarse como todo aquel que tuvo una moto por primera vez en su vida, no tuvo mejor idea que querer recorrer todo Sudamérica de cavo a rabo en moto.

Su itinerario es salir de Bogotá en su scooter, solo o acompañado, no le preocupa, sabe que tiene amigos por todos lados que le ofrecieron recibirlo y hasta salir a rodar con él por algunos kilómetros, si no lo acompañan el resto del viaje. Entonces, salir de Bogotá, bajar a Lima y unirse a los Eliteros peruanos por un rato para luego emprenderla hacia Chile y sus buenos Eliteros. Aquí surgía la duda: ¿Para ir a la Argentina, pasarán los Andes las scooter? Así que le dije que lo iba a averiguar por él. Así no habría problema para realizar el “Abrazo” y retornar por Brasil y Venezuela rumbo a Colombia otra vez.

No es que necesite una excusa para salir de viaje, ya que cuando alguien me preguntaba el por qué de ese viaje a Ticlio simplemente respondía “sólo por ir”, pero agregaba una excusa más: “demostrar que las Elite son muy buenas, la mejores”. Pero en realidad sólo quería viajar y si había excusa, mejor aún. Lo bueno fue que otros Eliteros locales se contagiaron muy fácil de mi idea y decidieron acompañarme. ¿Quién decía que la locura no se contagia?

A LA PUNA EN MOTO
Domingo 6 de abril, 06:15 horas: Gasolinera Primax del Jockey Plaza. Ya Luigi se encontraba esperando cuando yo arribé. Todo lucía tranquilo y sin ruido mientras nos preparábamos para el viaje. Así, tras la llegada de José Antonio “El Tiburón”, llenamos los tanques de combustible y los bidones de dos galones que irían en el hueco porta casco debajo del asiento, compramos algo de beber y galletas y tras revisar la presión de aire de los neumáticos dijimos “Ticlio, allá vamos” y salimos raudos y felices.

El itinerario era el siguiente: Tomar la Panamericana Norte hasta la salida con la autopista Ramiro Prialé, que nos llevaría directo a la ruta 20, mejor conocida como la Carretera Central. La primera parada estaba programada para hacerse en Matucana (Km 74, 2390 msnm), pero nuestras vejigas pudieron más que nuestro espíritu, así que tuvimos que hacer una “parada estratégica”, como le llamaríamos. En Matucana nos recibieron con campanadas desde la catedral y los curiosos venían a ver nuestras monturas de cerca. Desayunamos, un café bien cargado para Luigi y para mí acompañados de sanguchitos y una sopa o no sé qué para el Tiburón.

Seguimos el viaje siempre hacia el este y subiendo la cordillera. El río Rímac de encañona definitivamente y las enormes paredes de piedra cortada para trazar esta carretera impresionan. Cuando en eso escuché un ruido muy fuerte, un zumbido veloz y pronto a mi lado se aparecía una Yamaha que parecía la YZF-R6, en ese azul distintivo que caracteriza a las Yamaha. Hizo sonar la bocina, saludó con el dedo pulgar levantado y tras un par de aceleradas que retumbaron entre los cerros, desapareció entre las curvas malditas. Fue obvio que todos sentimos esa sana envidia de querer ser el sujeto que nos acababa de rebasar. Pero estoy seguro que él habrá pensado “qué bravos para venirse por acá en esas scooter, deben ser unos curtidos y temerarios moteros!”

Camiones bajaban, camiones subían y compartían esto con los buses en una constante de enormidad. Muchos de los choferes con los que nos cruzábamos nos saludaban con la bocina y se veía en su rostro una gran sonrisa de asombro y admiración. Así fuimos pasando kilómetros y aún las Elite se sentían en buena forma. Además, el lenguaje de señales que estudiamos para comunicarnos nos fue de mucha ayuda verdaderamente. Gracias a esto podíamos, al que le tocaba de líder, avisar a los de atrás sobre baches, huecos, piedras y demás obstáculos hallados en la pista, así como dónde bajar la velocidad, cuándo adelantar, cuando parar, etc. Éramos súper responsables y súper educados y lo pasábamos muy bien, disfrutábamos cada curva, parábamos para las fotos y videos entre el paisaje hermoso y las Elite perfectas.

LA TORMENTA
Hasta que de pronto, antes de llegar a San Mateo, Luigi nos advierte que por más que aceleraba a fondo, su Elite ya no daba. Le dije que no acelera a fondo, que la acelere progresivamente y que al llegar a San Mateo, que era la siguiente parada programada, haríamos el ajuste del carburador de su scooter.

San Mateo de Huanchor (Km 93, 3240 msnm). Parada programada para abrigarnos más, descansar y de paso, ajustar las Elite. La del Tiburón y la mía subían sin problemas, salvo lo normal experimentado por la altitud. Pero, tras la regulación al carburador de la Elite de Luigi, los tres seguimos el camino a nuestro destino nevado. Un dato curioso fue comprobar que al estar estacionados en esa placita, las Elite en ralentí ya se apagaban al cabo de un corto rato. También fue grato ver cómo los pobladores, al igual que en Matucana, se acercaban a saludarnos.

Pasamos el asiento minero de Casapalca (Km 117, 4200 msnm) y empezó a caer agua del cielo. Una lluvia muy ligera, menos mal ya estábamos bien abrigados. Aun así, teníamos las manos entumecidas, pero podíamos utilizarlas sin mucho problemas para accionar los frenos. Unos cuantos kilómetros más y la ligera pero constante lluvia se convirtió en granizo. Un granizo muy pequeño y suave, que no era ni hielo, ni nieve, pero que empezó a generar que del asfalto calentado por el sol se levantase una gruesa, por ratos, capa de niebla que nos hacía por momentos encender las intermitentes y andar con cuidado, ya que ninguno de nosotros tenía experiencia de conducir sobre hielo o pista húmeda y menos aún con cero visibilidad por ratos, además de que Luigi y José Antonio aún calzan sus llantas originales.

LA CALMA
Por un momento la cuesta en la ruta se vuelve más pronunciada y las Elite empezaron a perder velocidad. Fue ahí cuando pensé en que llegaría empujando la scooter los últimos metros. Pero luego de un rato se niveló un poco la ruta y la velocidad empezó a subir otra vez. Disminuyó la granizada y se despejó un poco la neblina. Era como que los elementos de la naturaleza se ponían otra vez a nuestro favor. Nos agrupamos los tres, casi lado a lado y empezamos a gritar arengas como “¡Llegamos huevón!; ¡Ya estamos, ya la hicimos, un poco más!; ¡Somos lo máximo caraxo, las Elite son lo máximo!” Y cosas así. Cuando de pronto el suelo se niveló, la humedad desapareció y se despejó el cielo. Un enorme cartel verde nos indicaba que nos encontrábamos en Ticlio, Abra Anticona, Km 132 y a 4818 msnm o 15806 pies: Punto Ferroviario más alto del mundo. Eran las 12 y algo y la velocidad a la que llegaron las Elite fue de unos 35 Km/h. No está mal, nada mal.

La ruta empezaba su descenso hacia la vertiente o cuenca del Atlántico. Pero nosotros nos quedábamos aquí, en el Divortium Aquarium.

ESTO ES TICLIO
Salimos de la ruta, nos desmontamos, nos abrazamos y golpeamos muy fuerte producto de la adrenalina y la testosterona, algo que nuestros antepasados cavernícolas podrían explicar. Fotos por todos lados, videos, dificultad para respirar y por consiguiente hablar y las Elite, aunque se apagaban al poco rato de dejarlas en ralentí, aún andaban si no dejabas que se apaguen y encendían sin problemas cuando se apagaban. Pero si bien la felicidad nos acompañaría todo el resto del tiempo y hasta el día de hoy, el clima decidió volver a lo acostumbrado y la granizada arreció, así como la neblina, que rápidamente nos rodeó producto del fuerte viento y nos quitó la espectacular vista de los picos nevados. Así que antes de que desaparezcan por completo, aproveché para tomarme una foto lo más idéntica posible a la que tiene mi papá con su moto en Ticlio también, pero en la segunda mitad de los años sesenta. Así que ya empecé una tradición, les tocará a mis hijos continuarla.

Un poblador (sí, ahí vive gente), nos indicó dónde podíamos tomar algo caliente y comer. Así que fuimos para allá, dejando a las Elite al capricho del temporal. ¿Prenderían luego?

Sendos mates de coca les transmitían calor a nuestras manos desnudas y congeladas que aferradas a la taza pugnaban por recuperar el calor y control por dejar de temblar. Las galletas bañadas en chocolate nos daban algo de energía calorífica y el hecho de estar aislados del exterior y en un lugar calientito gracias a la cocina, nos hacía que dejáramos de temblar y que nos sintiéramos en el cielo. Literalmente.

Sabía de antemano que la lluvia fuerte empezaba a partir de las 16:00 y esto fue confirmado por los pobladores locales. Así que sin nada más que hacer, decidimos emprender el retorno. Pero algunos camioneros que habían parado a descansar ahí tenían otros planes para nosotros.

Pero no se asusten, sólo querían tomarse fotos. Así que los subimos a las Elite, les pusimos los cascos y todo y les tomamos todas las fotos que querían. ¡Lo máximo!

EL RETORNO DE LOS RIDERS
Luego de retirar un poco la nieve que las cubría nos sorprendimos de ver que encendieron sin problema a pesar del frío y la altura, así que la bajada fue un relajo. Casi ni teníamos que acelerar y los frenos los usábamos muy poco, ya que la Elite, si bien es automática, se mantiene enganchada todo el tiempo y esto nos da el famoso efecto de “freno motor” al dejar de acelerar. El único problema era la pista mojada, empapada ya y el granizo constante que luego se convirtió en lluvia.

Al llegar a San Mateo ya no llovía y según nuestro plan, era la parada para almorzar. Eran las 15:00 aproximadamente y el lomo con papas de Luigi competía con el bistec apanado mío y la sopa de patasca del amigo Tiburón. Las Elite andaban sin problemas. Anécdota: Curiosamente, el odómetro del Tiburón marcaba exactamente mil kilómetros.

Sin darnos cuenta ya estábamos en Matucana y el paisaje se había puesto tan bonito como durante la subida. El sol alumbraba todo y los colores se lucían mejor que nunca. Supongo que esto lo notábamos ahora más que en el ascenso porque ya veníamos más relajados y sin prisas. Además de que parábamos más seguido para las fotos y videos.

Más cerca a Chosica (la puerta de Lima) y más horrible se ponía el tráfico y el calor nos hacía sudar. Así que tomaos un desvío en Ñaña que nos llevaría a la autopista Prialé, pero antes paramos para quitarnos las capas de ropa. Volvimos sin problemas desde ahí a la misma estación de servicios que nos vio partir hacía casi 12 horas atrás. Eran las 18:00 y estábamos regulando el carburador de Luigi para funcionar otra vez al nivel del mar. Un gran abrazo y felicitaciones mutuas otra vez por la hazaña realizada y ya planeábamos otro paseo a otro sitio, mientras recordábamos la experiencia que acababa de terminar.

En resumen. Si bien en las reuniones de los miércoles las opiniones dentro de los Eliteros peruanos estaban divididas en dos flancos claramente marcados. Nosotros, la minoría, haríamos el intento de todas maneras y los otros, la mayoría, ya nos veían como locos. Pero es cierto, hay que estar medio loco por lo menos para intentar algo así, subir a casi 5 mil metros en una scooter automática con un motor de 125 cc. carburado. Algunos nos profetizaban lo que sucedería: “El motor recalentará, se apagará, no subirán, etc…” Pero aún así y pese a que algunos Eliteros desertaron días antes del viaje, logramos demostrar que aún con una moto pequeña, podemos ser tan moteros como cualquiera. Ahora podremos mirar a los ojos y en el mismo escalón a todos los demás moteros del mundo, ya que llegar a Ticlio con una moto, propiamente dicha y de generosa cilindrada, es cosa fácil que cualquiera podría hacer. Hacerlo con una scooter diseñada para la ciudad, sólo unos pocos, los elegidos, pueden hacerlo, jeje…

[A continuación les dejo el video, partido en dos, del viaje, con imágenes inéditas de las Elite rodando desde otra Elite. No se lo pierdan]

Parte 01: El ascenso y llegada.


Parte 02: La bajada y despedida.

6 comentarios:

Adrian dijo...

Amigo Kike, en el sur de Argentina eso que está entre nieve/granizo/lluvia es muy común durante el invierno. Aquí se le llama "aguanieve".

Un abrazo y muy buena la crónica.

Kike Polastri Martin dijo...

Ok amigo Rippey, gracias por el dato. Ya conozco el aguanieve, entonces, jaja.
Gracias y el video lo estoy volviendo a cargar porque no subió bien.

José Miguel dijo...

Buenisimo kike felicidades para vos y al profe y al tiburón (ya me imagino la cuenta de su celular)ja ja ja!!! buen video y crónica!!
saludos desde El Salvador!!
Miguel

Anónimo dijo...

hola kike muy bueno el optimismo para el viaje y la grabacion , estoy por hacer un viaje a Huancavelica y tu viceo ha sido muy motivante.

saludos

Luis

Kike Polastri Martin dijo...

Gracias Luis. Espero todo te sala bien. Lo importante, creo yo, no es el destino, sino el viaje en sí. Abrazo.

Guillermo Arias dijo...

Muy motivador el vídeo. Se ve que se divierten bastante. Ver este tipo de viajes me anima a salir de mi cómoda silla y tomar las carreteras.

Chévere muchachos.